6.14.2009

Enrique Bunbury en el Concierto de AC/DC en Madrid


'Rock and Roll' Calderón
AC/DC entusiasma a 55.000 personas en el estadio del 'Atleti'


LINO PORTELA - Madrid - 06/06/2009


El Vicente Calderón tiene debilidad por los hombres bajitos. Seres de pequeña estatura y gigantes en talento. El estadio colchonero acostumbra a rugir cuando Agüero culebrea con el balón cerca de la portería del contrario. Exactamente lo mismo ocurre si Angus Young se retuerce como un diablo en el centro del estadio bajo una lluvia de confeti mientras toca en calzones un sexual solo de guitarra. En ese momento las 55.000 personas que anoche llenaron el Calderón gritan, cuernos en alto, como si Maradona hubiera metido un gol -con la mano o con el pie- en la final de un mundial.

"Es el único grupo del mundo, con los Ramones, que no tiene una balada"
AC/DC, definitivamente la mayor banda de rock viva de la historia con el permiso de los Rolling Stones, es más que una religión. Unos son del Atleti, del Madrid o del Rayo Vallecano. Hay quien es de AC/DC. Y punto. Sus letras no tienen dobleces ni mensajes profundos. La filosofía de estos australianos se resuelve con una fácil ecuación: mujeres bellas + rock + vivir al límite = diversión y felicidad. Con la fórmula aprendida se dirigía ayer el público al estadio. En sus caras se veía la sonrisa de quién sabe seguro que va a ligar esa noche o tiene el partido ganado.


Petardos, policías a caballo, adolescentes y padres, novias y pandillas se agolpaban en la puerta del Calderón mientras la cerveza se agotaba en los bares de alrededor. Hasta los reventas disfrutaron, al vender algunas entradas a 120 euros. Inciso: desde hace meses en Internet se vendían sobres blancos a 165 euros cada uno. Claro, con un "regalo" dentro: una entrada de pista. Si a eso no se le llama religión, que venga Dios y lo vea."Lo único que le diría a Angus cara a cara es gracias. ¡Gracias y gracias!", decía antes del concierto Jesús Masa, de 29 años, en el paro y con una chupa llena de parches. "Siempre están ahí cuando los necesitas. Y encima son el único grupo del mundo junto con los Ramones que no tiene una balada", gritaba Laura, abogada de 43 años a pocos metros.


A las 22.05 se apagaron las luces. Muchos tenían el recuerdo reciente de su concierto en abril en el Palacio de Deportes, que ganó en sonido pero no en espectáculo. Miles de cuernos de color rojo infierno -que por 10 euros se vendían a la entrada- lucían en el estadio, mientras en las pantallas una locomotora se estrellaba contra el escenario. Explotan los fuegos artificiales y allí estaban. Los dioses: Angus, con su eterno traje de colegial verde, y su hermano Malcolm Young, de 55 y 56 años, con la vitalidad de unos adolescentes. "Puedo oler el rock and roll", dijo Brian Johnson, de 61 tacos, músculos de estibador y voz cascadísima. Caía clásico tras clásico (Dirty deeds done dirt cheap, Shot Down in flames o la potentísima Thundersck), mezclados con canciones de su nuevo disco Black Ice (afortunadamente no sonaron más de cuatro) y el público compuesto, por un 80% de hombres, tan feliz.


"Quiero que saquen los cañones y las campanas. ¡Todo!", decía poco antes del concierto un emocionado Yosi, cantante de Los Suaves, que compartía barra con Bunbury y Fonsi Nieto -que no paró de tocar la guitarra imaginaria-.


La campana apareció. La apocalíptica Hells Bells sonó como un calambrazo. Poco antes Angus acababa de hacer su tradicional streeptease con la blusera The Jack. Esta vez debajo de sus pantalones no había ninguna bandera sino un logo de AC/DC en rojo y gualda.


Luego apareció Rosie, una inmensa mujer de plástico bien entradita en carnes que se inflaba sobre el escenario con Whole lotta Rosie, de fondo. La canción está inspirada en la aventura amorosa real del antiguo vocalista original de la banda, el bueno y malogrado Bon Scott, con una generosa australiana (¿Dónde estará esa mujer? ¿Cobrará derechos de imagen? Si alguien la ve que avise). El concierto llegaba al final y los deseos de Yosi y de la masa se iban a hacer realidad: ¡cañones! Varios punteos de guitarra después y tras la potente declaración de principios Highway to hell, una hilera de cuatro cañones hacían templar el Manzanares. Era el final de un éxtasis de dos horas, que muchos -si la cerveza les conserva los recuerdos- guardarán en la memoria como los goles que este año ha metido Forlán en el mismo sitio donde ayer atronó y triunfó AC/DC.


Fuente: Diario El País

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