2.08.2010

Bunbury y "Las Consecuencias"

Como ya dije... Febrero!!! ya tenemos encima "Las Consecuencias"... Claro, seguimos a la espera... y a medida que pasan los días este temas se hace más mediático... por tal razón, dejamos este otro artículo y entrevista a Enrique Bunbury, que lo disfruten.

Bunbury y "Las Consecuencias"

Hay que agradecerle varias cosas a un gijonés de alma maldita y prosa bendecida. Hablamos, por supuesto de Nacho Vegas. No sólo el hecho de que nos haya regalado alguno de los mejores textos del rock español de los últimos veinte años, sino también que un día de motu propio decidiera sacar de la mierda a un genio en su peor momento.

Allá por 2006, Enrique, cansado y decepcionado de una trayectoria ascendente que se le volvió en contra gateaba en el rock de autor de la mano de Nacho Vegas. Y el niño que aprendía del maestro asturiano se defendió bien. Hizo una canción como El tiempo de las cerezas, que, sólo por eso ya mereció la pena su nueva aventura homónima. Tuvo oportunidad de explicar lo que le pasaba por dentro: No fue bueno, pero fue lo mejor. Pudo tranquilizar a sus seguidores: “tengo decidido retrasar el final”, entonaba en Ahora. Incluso se permitió desvariar: Welcome to El callejón sin salida.


Pero el niño de repente se volvió a hacer mayor, y tras desquitarse de los malos rollos con nombre de guerra (y leyenda) que pesaban sobre sus hombros le salió Hellville de Luxe, el discazo rebelde, cañero, un poco macarra, accesible, muy accesible, que decía mucho más de sí mismo que toda su discografía anterior y que el maño necesitaba para reconciliarse con su pasado y con su prometedor futuro como artista.

Entrevista a Bunbury
¿Por qué mencionar ahora todo esto? Porque es aquí cuando entra en juego Las consecuencias, el disco que surge en el mejor momento compositivo (no creador) del zaragozano. El trabajo que resume todo el aprendizaje que el mañico llevó a cabo desde el Puerto de Santa María. Y con el que, sin todos esos pasos previos, esa voluntaria pérdida de lastres innecesarios, un disco como éste no habría visto la luz.
Las consecuencias de Bunbury son oscuras, muy oscuras. Y la luz no les sienta bien. El músico ahonda aquí en el lado más íntimo de sus textos, el más profundo, personal y reflexivo. Una de las frases del tema que abre el disco (la homónima) basta para explicarlo: "¿Por qué siempre conviene alegrar a la gente? También de vez en cuando está bien… asustar un poco”.

El disco no entra a la primera. Al menos no todas las canciones. No se espere un Pequeño, que se escucha con la misma voluntad tomando copas que friendo sardinas. Ni tampoco una épica obra coral y mastodóntica como Flamingos. Las consecuencias es un álbum unitario y minimalista. La guitarra acústica cobra protagonismo en muchas de las canciones y la banda desarrolla una personalidad que impacta por la pronta edad con la que la han perfilado.

El boxeador, con ese inicio ambiental que recuerda al Extranjero, es el tema más negro del disco y con el que se empieza apreciar la ingente genialidad de un cúmulo de circunstancias artísticas que se manifiestan en unas pocas canciones.

Enrique ha aprendido a quedarse con lo mejor de Leonard Cohen o Tom Waits. Con lo mejor del Neil Young más trasnochado y decadente y lo mejor del lúcido Dylan de la época Blood On The Tracks – y nosotros no le queremos tanto como su amigo Vegas, que hacía la misma referencia de este disco-. Sabe llevarse todas estas referencias a su terreno y, esta vez, a su nuevo registro: más árido, seco, grave y nocturno. Y poner la piel de gallina en su hazaña.

Reseñable en la mitad del disco la labor de Ana Belén Estaje a las cuerdas (fue, es y será Dios – así, en plan fan-). Y sobre todo, en Frente a frente, una versión de Janette bonita, sin pretensiones, que engrandece Miren Iza, de Tulsa y que es el punto de partida del que brotan, en comandita, las grandes canciones del disco, una detrás de otra.

21 de octubre, la más cinematográfica, con voz desafiante e irresistible western ambient; Lo que más te gustó de mí, de sinuosa y melodiosa cadencia inicial que desemboca en una retahíla de dubitativas primeras personas, y curiosos ataques directos: “me dices que soy un poco particular”.

Los habitantes, con ese pedazo de solo de Mena es el gran single del disco. Con ese talante épico y contundente deja cualquier tema de Hellville en una cara B. O Es hora de hablar, sencillamente impresionante, de lo mejor de su repertorio. Arranca un suave punteo de guitarra que recuerda a Nothing Else Matters y termina como si regresaran momentáneamente los tiempos de Días de borrasca. La canción más triste y retratista que jamás ha escrito Enrique. Y cualquier rocker de su generación.

Cierra el disco su visión personal del Nunca se convence del todo a nadie de nada, que compuso para los Niños del Brasil. Pero antes, regala otra perla: De todo el mundo.  Si El extranjero, Infinito, Lady Blue o El rescate son himnos personales para sus seguidores, que se preparen éstos para la que viene en este disco: tan memorable, como adaptable a título personal. Tan coreable como la mejor de las rancheras en la mejor de las borracheras.

Las consecuencias no es Pequeño, ni Flamingos. Y si asumimos que esas dos obras difícilmente se superarán en el futuro, no ya por él, sino por cualquier compositor que escriba canciones en castellano, podemos decir sin que se nos caigan los anillos que éste es el mejor disco de la nueva era de Bunbury. Su obra magna. El final de su investigación en el rock de autor y el cierre de un ciclo.
Como los alumnos aventajados, el boxeador que gateaba ahora está a la altura de su maestro y dispuesto a seguir noqueando. Gracias Nacho

Fuente: Música en 1000 direcciones

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