2.27.2010

Critica de Matías Uribe: 'Bunburina' curativa

Luego de la crítica fuerte y muy acertada al single "Frente a frente"... Matías Uribe vuelve con una nueva reseña, esta vez de todo el disco "Las Consecuencias", efectivamente compartimos críterios, en está ocasión Matías da crédito a la nueva obra de Enrique, haciendo unas interesantes analogías que seguramente muchos de ustedes conocen, y los que aún no conocen a las bandas o músicos mencionados, es una buena oportunidad para indagar acerca de ellos y escucharles. A continuación les dejo los comentarios de Matías, publicados en su blog. 



'Bunburina' curativa
Matías Uribe

No es la primera vez que un rockero se ha rebobinado para mostrarse íntimo y recogido, lo que no significa aburrido o mortero. Ahora mismo, sin ir más lejos, Peter Gabriel lo ha hecho con fondo orquestal y Springsteen lo hizo 'a pelo' en 'Nebraska' y 'Tom Joad', si bien el gran maestro en esconderse en la bruma del intimismo ha sido Neil Young, con la sorprendente alternancia de discos rockeros y acústicos que ofreció en los 70-80.

Bunbury sigue aquí esa estela, soltando su 'Comes A Time' particular, si no, subiendo un peldaño más, su 'Harvest' anhelado, que ya resulta sospechosa la cita de 'The Needle And The Damage Done' en 'Los habitantes'. Un disco en el que ha envasado una reluciente colección de baladas, capaces de herir, de romper el corazón con tanta belleza derramada. Para ello, aparte de rebobinarse y de componer de manera inspiradísima, ha tirado a la basura uno de sus dejes vocales más insoportables, el del 'canallismo golfeta', cantando de forma natural y orgánica, sin imposturas falsas, en medio de un brillante sonido e instrumentación. Lo restante, son las espléndidas y sedosas canciones que ha compuesto, nueve, más una versión ('Frente a frente').

'Las consecuencias', con clásico acorde arpegiado de guitarra acústica al inicio y motas de 'El viento a favor' sigue el patrón clásico de 'Helpless', de CSN&Y, y hasta el de 'Knockin' On Heaven's Door'; 'Ella me dijo que no' parece sustentarse sobre un canon clásico a lo Pachelbel; 'El boxeador' lleva esquirlas de R&B de Nueva Orleans y del 'Saint James Infirmary', de Allen Toussaint, si no el típico 'laid back' de porche de J. J Cale, suena perezosa y sugestiva; 'Lo que más te gustó de mí' apunta al vals y el rancherismo, mezclando con originalidad mandolina y acordeón: arroba; 'Es hora de hablar' y 'Los habitantes' frisan la simetría de 'La herida'/ 'Avalancha', para discos de Héroes; '21 de octubre', acústica y con armónica, aunque él quiza no lo admita, parece arrancada del 'Tom Joad' springsteeniano; 'Nunca se convence del todo' hace olvidar que en manos de Niños del Brasil era una floja canción, y, sobre todo, la colosal 'De todo el mundo' marca el punto de inflexión emocional y romántico del álbum.

Es esta una balada al estilo clásico en la que Bunbury mide con precisión los crescendos mientras los atinadísimos arreglos de cuerda la embellecen hasta la ardorosa solemnidad. Patrón: ' I'll Never Fall In Love Again', de Tom Jones. Y curioso: el dibujo de guitarra es de R.E.M. y de su hermosísima 'Everybody Hurts', que a su vez, sí, sí, procede del viejo 'Noh ho l'eta', de Gigliola Cinquetti. Si no arrasa los ojos de lágrimas, enhorabuena: ahí hay un tipo duro. Son, en fin, nueve piezas propias de una altura melódica en la cumbre, de analgésica y curativa 'bunburina', por lo que desencajes como 'Frente a frente' (cuya sonoridad barrunta que no pertenece a las mismas sesiones de grabación y que no es una canción para este disco y menos para single de adelanto, si acaso bonus), o incluso los atranques de Bunbury en la armónica de 'Las consecuencias' o la trillada sonoridad (aunque eficaz) del solo de guitarra de 'Los habitantes' y hasta el exceso de verbo en algunas letras, no erosionan este disco, concebido como descarga de tensiones y liberación eléctrica, como refugio del espíritu. Bunbury ha jugado su nueva partida en el tablero de los grandes maestros. Y ha dado jaque. Dios le bendiga.

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