5.03.2014

Bunbury: Giras, Hoteles y Camerinos...


El 5 de junio, Enrique Bunbury, tras haber estado rodando por América Latina, arrancará en Valladolid la gira española de presentación de “Palosanto”. En esta peculiar entrevista nos metemos en el camerino y en el hotel…

La idea era entrevistar a Enrique Bunbury antes de que se embarcara en el tramo español de la gira de presentación de “Palosanto”, aprovechando el parón de la misma tras los conciertos en América del Sur. Como se trata de una entrevista sobre la gira, se nos ocurre preparar un cuestionario un tanto peculiar, infrecuente, tratando de desentrañar aspectos de la vida en ruta a los que el público no tiene acceso, testar sus sensaciones en camerinos, hoteles, aeropuertos… Enrique acepta con buen humor que indaguemos en su trastienda.

“Después de casi treinta años de giras, si saliera a desparramar por la ciudad tras un concierto, sería un retrasado mental. No se me ocurre una idea más poco afortunada que salir de bares por la ciudad en la que acabas de tocar”

¿Cómo pasas las horas previas a un concierto?
Tres horas antes del show voy al recinto, pruebo sonido y me quedo en los camerinos hasta el inicio del concierto. Más o menos, el horario es: a las 6 de la tarde, prueba; a las 7, relax con la banda; a las 8 me empiezo a preparar; y a las 9, empieza el show.

¿Cuando ya estás en la sala, esperando la hora de subir al escenario, en qué piensas, cómo pasas esos minutos previos, sueles aislarte?
Tengo ratos en los que prefiero estar solo y otros que comparto con músicos, “crew” o management. Hablamos de la ciudad, qué hemos hecho cada uno durante el día o la noche anterior, el viaje del día siguiente, los discos o libros en los que estamos, alguna noticia que nos interesa…

¿Llevas fetiches al camerino, cuáles?
Llevo mi baúl “flight case”, que me acompaña desde hace más de diez años, donde viajan mi ropa de escenario, mis libros, música, algunos regalos que me hacen… No llevo ningún tipo de amuletos, ni vírgenes, ni piedras, ni pirámides de cuarzo… Tuve otros años, otras giras, otros momentos, en los que viajaba con amuletos cargados que me colgaba por el cuerpo. Ya no. También viajé durante mucho tiempo con los libros de letras de Dylan y Cohen y el “Tao te king”, que me distraían antes de los shows. Ahora llevo algunos libros de jóvenes poetas latinoamericanos, que ojeo en minutos sueltos.

¿Qué es lo más extraño o peculiar que incluye tu catering?
Bueno, yo no suelo comer ni beber antes o después de los shows, en los camerinos. Pido algunas cositas básicas, orgánicas, veganas… Dependiendo del país, me ofrecen cosas más interesantes o más monásticas. Pido también vino orgánico del país, que no suelo beber. Me guardo algunas botellas que considero interesantes o mejores, y las saco del “flight case” cuando la ocasión surge. Pero, la ocasión, nunca es ni en camerinos, ni durante conciertos.

¿Qué es lo que nunca nunca debe faltar en tus camerinos?
Mi “flight case”. Viajo con lo necesario. Lo demás es mobiliario básico y decoración que amablemente me ofrece la producción local.

¿Tienes alguna superstición relacionada con el directo y lo que lo rodea?
No. Nada de supersticiones. Solo atiendo a la situación puntual planetaria. Todo muy científico.

Qué sensaciones tienes cuando el concierto acaba, en qué piensas, ¿te recluyes solo durante un rato?
No, para nada. Cuando el concierto acaba, me voy al hotel, ceno algo y me voy a dormir. En la furgoneta hacia el hotel comento un poco si me gustó o no.

¿Cómo son tus pruebas de sonido? ¿Siempre participas o dejas que algún músico pruebe sonido por ti?
Pruebo sonido siempre. Aunque solo sea para hacerme con el “venue”. Hubo un tiempo, entre el 2000 y el 2005, en que no solía probar. Me aburría mucho y me quitaba energía. Ahora me parece simplemente un encuentro con el local, presentar mis respetos al lugar, enfrentarme a la acústica, repasar las novedades de la noche, charlar con los músicos… y ya. La magia debe reservarse para las dos horas y algo de show. Hay que tener cuidado de no desparramarse en momentos inadecuados. Ya sabes, ¡como en el kung-fu!

¿Los conciertos con el repertorio cerrado, dejan lugar a la improvisación durante las canciones?
Vengo de tres largas giras en las que preparamos y tocamos sesenta canciones del repertorio, abríamos algunas canciones para la improvisación y cada noche era sustancialmente distinta. En esta gira, las circunstancias del espectáculo son muy diferentes. Es un show audiovisual en el que la sincronización entre imagen y sonido impide la improvisación y determinados fallos pueden ser fatales. Es un concepto diferente. No sé si volveré a repetir algo así. Es muy exigente. Pero sí te puedo afirmar que para el espectador, merece la pena. El espectáculo funciona muy bien. La gente sale contenta y disfruta y, nosotros, hasta ahora, hemos hecho grandes conciertos. En mi opinión, por encima de la mayoría de los que dimos en los últimos seis años. Dicho esto, respondo a tu pregunta: el espacio que dejamos en esta ocasión para improvisar, es mínimo. En una parte concreta del show, que varía cada noche, los músicos nos soltamos y a veces descarriamos, ¡y otras galopamos veloces!

¿Cómo preparas los repertorios de cada concierto y en qué momento decides qué vais a tocar? 
Lo decido el día del show por la mañana. Antes de llegar a la prueba, mando el set-list de la noche, para que repasen los cambios y los técnicos se preparen con afinaciones y diseño de luces. Depende de mi estado de ánimo y de la ciudad. Pienso en un cambio que pueda ofrecer un guiño a la ciudad o país visitado y lo incorporamos.

¿Cómo reaccionas en escena ante un fallo de alguno de los músicos, ante una entrada a destiempo, por ejemplo?
Paro el concierto, saco una libreta de mi bolsillo y apunto al infractor y la infracción. El que comete un error, por mínimo que sea, no vuelve a cobrar el resto del año. ¡Así he conseguido minimizar los fallos y ahorrar mucha pasta! Hablé de este método con muchos artistas de distintos géneros y a todos les pareció adecuado. ¡Espero que se convierta en práctica habitual! [risas] En serio, el espectador agradece mucho un concierto bien interpretado.

Si una noche notas que el público no entra en el concierto, está algo frío, ¿qué haces para motivarlo?
No te preocupes… el show funciona muy bien. ¡Y yo soy un chico entregado!

¿Qué tiene que haber pasado para tener la sensación de haber ofrecido un buen concierto?
La conexión con el público es fundamental. A veces, claramente, conseguimos que la dinámica del show actúe sobre los biorritmos de la audiencia, como si fuera un solo ente, y todos subimos y bajamos y nos sumergimos en el carrusel emocional. Cuando eso ocurre, es sublime. Si no, es un concierto normal: nosotros tocamos y la gente escucha y aplaude más o menos, después de cada canción.

Si algo ha salido mal en un concierto, ¿te reúnes luego con la banda para hablarlo? ¿Eres de echar broncas a los músicos?
No, en absoluto. Solo cuando algo sale mal repetidamente, en dos o tres o cuatro conciertos seguidos, lo hablamos. Un fallo puntual no tiene la menor importancia. Algo que no funciona repetidamente, debe ser revisado. Hablamos, localizamos la avería y buscamos soluciones.

¿Se hace muy cuesta arriba, tras vaciarse en escena, quedarse a esperar el “besamanos” del público?
Es que no me quedo… Antes de que acabe de sonar el último acorde, yo ya he abandonado el edificio. ¡Como Elvis!

¿Es fácil dormir después de un concierto o dura la adrenalina durante horas?
Bueno, bajamos poco a poco… Furgoneta hasta el hotel, cena si se tercia, y capítulo de “Breaking bad” o “Son of anarchy”…

¿No sueles salir de fiesta, a desparramar un poco por la ciudad tras un concierto?
Nick Cave dijo hace poco: “Dejé de beber para que mis músicos pudieran seguir haciéndolo”. Es cuestión de solidaridad. Después de casi treinta años de giras, si saliera a desparramar por la ciudad tras un concierto, sería un retrasado mental. No se me ocurre una idea más poco afortunada que salir de bares por la ciudad en la que acabas de tocar. Las giras son largas, la responsabilidad es mucha y yo ya cubrí mi cupo, con creces: ¡tres veces!

¿Cómo vives los constantes desplazamientos, se hacen duros, da pereza ponerse en funcionamiento y hacer carretera, aeropuertos, vuelos…?
No, para nada, a mí me gusta mi profesión y casi todo lo que conlleva: componer, grabar, tocar en directo… y por supuesto, viajar. Me gustan los medios de transporte: el tren, el avión, la furgoneta, el autobús, el coche, el barco… Estoy bien con el movimiento, no tengo problemas. Obviamente me crispan los agentes de aduana y los trámites aeroportuarios, pero por lo demás, viajar es un placer.

“Viajar miles de kilómetros para no hacer un concierto es terriblemente frustrante. Y enfermar lejos de tu casa, una
putada”

Si un día, por la razón anímica que sea, te da mucha pereza enfrentarte a un show, ¿qué haces para darte ánimos y tirar adelante ?Guaraná orgánico. Pero, cada uno debe medir su dosis. Ayuda a levantar el cuerpo y el estado anímico y no te impide dormir después.

¿Hay noches en las que acabas muy descontento de algún concierto? ¿Qué se siente en esos casos?
Claro. A veces pasa, y siento el vacío. Siento que soy un fraude. Que no sirvo para esto. Que debería de llamar a cada uno de los asistentes al concierto y pedirles perdón.

¿Cómo es la vida de hotel en hotel?
Depende del hotel, claro. Algunos son fantásticos y te quedarías a vivir eternamente en ellos. Otros deberían ser derribados y prohibidos.

¿Prefiere hoteles modernos y funcionales o de aire clásico? ¿La banda y tú os alojáis en el mismo hotel o tú buscas uno de más nivel?
En esta gira, la banda y yo y, casi siempre, los técnicos, nos alojamos en el mismo hotel. Me da igual que sean modernos o coloniales. No me gustan demasiado los clasicones, con decoración rococó. Prefiero el trato humano y sensato, pero con respeto y atención. No insistiré en que, en realidad, casi ningún hotel, tiene en cuenta las normas básicas del Feng Shui y que, menos aún, ofrece colchones y almohadas dignos. Así que… ¡no entraremos en esos temas escabrosos!

¿Intentas acondicionar la habitación en cuanto llegas, desparramar tus cosas como si estuvieras en casa?
Dependiendo del tiempo que voy a pasar en la habitación, desparramo más o menos. De todas formas, ten en cuenta que viajo con mi “entourage” familiar, y eso ya es en sí una locura.

¿Ahora cómo escuchas música durante las giras… cedés, mp3, Spotify o Deezer?
En streaming, por supuesto. Pero… ¡no hace falta que hagamos publicidad gratuita!

¿Grabas todos los conciertos? ¿Sueles escucharlos?
Sí, los grabo todos en pistas. No escucho ninguno, hasta que pienso en algún proyecto concreto –disco, deuvedé, canciones para redes o web, especiales de televisión…– y, entonces, escucho, selecciono, mezclo y masterizo.

¿Prefieres interpretar los temas cada noche en vivo o pensar cómo plasmarlos en un disco, que es lo que permanecerá?
Me gusta mucho el estudio de grabación. Creo que es mi parte favorita del proceso, junto con la composición, claro. Interpretar en directo, no lo considero ni remotamente un mal necesario. Es un placer del que disfruto mucho, sobre todo viendo al público disfrutar: “…en realidad prefiero que sean los demás, los que se diviertan y se lo pasen bien”.

Hay músicos que hacen de las giras casi una ruta gastronómica, con los restaurantes que quieren visitar en cada ciudad, ¿eres de esos?
No, para nada. Lo hice durante muchos años, pero cada vez mis decisiones ridiculizaron mis opciones. Y no se puede decir que coma mejor en gira que en casa, ni remotamente. A veces, te encuentras con algunas gratas sorpresas en países inesperados, pero son las menos.

¿Qué te pasa por la cabeza cuando suspendes por fuerza mayor, por enfermedad?
Rara vez suspendo un concierto. A nadie nos gusta. Viajar miles de kilómetros para no hacer un concierto es terriblemente frustrante. Y enfermar lejos de tu casa, una putada. Por eso considero despreciables muchos comentarios que luego aparecen en medios de comunicación o en internet, hablando en términos poco respetuosos cuando un músico no puede ofrecer un concierto por enfermedad.

¿Qué te parecería encontrarte en la situación de algunos artistas anglosajones, que pueden ser durante equis tiempo artistas residentes en una ciudad, tipo lo que sucede en Las Vegas?
Ah, ¡me gusta mucho la idea! En realidad es un “guilty pleasure” que todos, o casi todos, albergamos en algún momento. Sabemos que no es necesariamente lo mejor para nuestras carreras, pero afincarte en una ciudad que recibe constante flujo de visitantes y turistas y que sean ellos los que se muevan y varíen, se podría convertir en un proyecto vital, temporal, con el que podría compaginar otras necesidades biológicas o intelectuales. Dicho esto, dudo que ocurra.

Cuando una gira ha terminado, ¿cuesta afrontar los días inmediatos, romper con la dinámica de la gira y ponerse a otras cosas?
Sí. Durante uno, dos o tres días, paso por una especie de depresión post-tour, bastante seria. Es un vacío absoluto. Muchas veces viene acompañada por una bajada importante de defensas que te puede hacer enfermar, incluso.

Sé que en ocasiones compones canciones durante las giras, ¿cómo es el proceso en esas circunstancias? 
No lo estoy haciendo en esta gira. Me lo estoy tomando con mucha calma. El proyecto “Palosanto” está siendo largo y muy bien recibido, así que trabajaremos, en una cosa o en otra, seguramente, durante todo el año. Cuando vuelva a casa, me tomaré mi tiempo de vacaciones y ojalá, vuelva la inspiración y escriba otro álbum. En caso contrario, ¡esperaré!

¿Quién te diseña la ropa de escenario?
Durante el período 2004-2010 trabajé mano a mano con Rosa, una diseñadora de Zaragoza, maravillosa. Los trajes de “El viaje a ninguna parte” y los de “Las consecuencias” ¡fueron fantásticos! Para “Licenciado Cantinas” encontré a Jaime Castaneda, en North Hollywood, diseñador del vestuario de Dylan, Wilco y tantas leyendas del country y las bandas norteñas. Y para “Palosanto” estoy trabajando con Romulus Von Stezenberger, un loco encantador, que hace piezas maravillosas.

¿Exiges que los miembros de tu banda vistan de determinada manera?
Bueno, es un espectáculo concreto en el que todas las piezas deben pertenecer al mismo puzzle. En mis shows nadie se viste como el vecino del quinto. Tampoco nadie me pide vestirse como el vecino del quinto, ¡que quede claro! Dentro de un concepto dado, cada uno tiene su personalidad, y está bien potenciarla. Pero no es lo mismo “Palosanto” que “Licenciado Cantinas”, que “Las consecuencias” o “Hellville…”.

Tienes que elegir: ¿seguir girando el resto de tu vida o escribir una única canción perfecta que te satisfaga al cien por cien y que se instale en la memoria colectiva?
No me veo en ninguna de las dos opciones. Paso de girar el resto de mi vida con una edad inadecuada y que no me acompañe la salud o la voz. Y la canción perfecta que satisfaga al cien por cien de la población (¡¿española?!) no existe. ¡Sería en la primera cosa que nos ponemos de acuerdo!

En junio comienzas a rodar por España, en un momento en el que la situación económica es la más complicada que se ha vivido en años, ¿te da miedo que la gente no responda? ¿Sería duro enfrentarse a recintos medio vacíos?
Por su puesto que sería duro enfrentarse a recintos medio vacíos. Sería muy triste. A nadie nos gusta que no nos elijan, que no nos prefieran, o que no nos quieran… Venimos de una gira en la que hemos tocado en El Salvador, en Honduras, en Ecuador, en Santo Domingo, en Perú… No sé… ¿Son nueve demasiados conciertos en España? No lo creo. Hacemos un esfuerzo para cubrir una buena parte de la península. También, podríamos hacer un show más reducido, sin la parte audiovisual, con peores músicos, en recintos más pequeños, ¡menos shows! Yo creo que ante la situación, debemos ofrecer más y mejor, para que el público vea un espectáculo de altura, a nivel internacional e ¡intergaláctico!

Entiendo, por tanto, que en España veremos exactamente el mismo show que has paseado por América?
Sí, exactamente el mismo. No vamos a escatimar en absoluto.

Fotos: Jose Girl
Entrevista: Efeeme

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